Cervantes (transición del Renacimiento al Barroco)
Soneto a
Preciosa
Cuando Preciosa el
panderete toca
y hiere el dulce son los aires vanos,
perlas son que derrama con las manos,
flores son que despide con la boca.
Suspensa el alma,
y la cordura loca,
queda a los dulces actos sobrehumanos,
que de limpios, de honestos y de sanos,
su fama al cielo levantado toca.
Colgadas del menor
de sus cabellos
mis almas lleva, y a sus plantas tiene
Amor rendidas una y otra flecha.
Ciega y alumbra
con sus soles bellos,
su imperio Amor por ellos le mantiene,
y aun más grandezas de su ser sospecha.
Cervantes
ENLACE: Novela
corta de Cervantes (en las Novelas ejemplares):
La gitanilla:
http://www.ciudadseva.com/textos/cuentos/esp/cervan/gitanill.htm

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Generación del 27
(primera mitad del siglo XX)

Preciosa y el
aire
Su luna de
pergamino
Preciosa tocando viene
por un anfibio sendero
de cristales y laureles.
El silencio sin
estrellas,
huyendo del sonsonete,
cae donde el mar bate y canta
su noche llena de peces.
En los picos de la sierra
los carabineros duermen
guardando las blancas torres
donde viven los ingleses.
Y los gitanos del agua
levantan por distraerse,
glorietas de caracolas
y ramas de pino verde.
Su luna de
pergamino
Preciosa tocando viene.
Al verla se ha levantado
el viento que nunca duerme.
San Cristobalín desnudo,
lleno de lenguas celestes,
mira a la niña tocando
una dulce gaita ausente.
Niña, deja que
levante
tu vestido para verte.
Abre en mi dedos antiguos
la rosa azul de tu vientre.
Preciosa tira el
pandero
y corre sin detenerse.
El viento-hombrón la persigue
con una espada caliente.
Frunce su rumor el
mar.
Los olivos palidecen.
Cantan las flautas de umbría
y el liso gong de la nieve.
¡Preciosa, corre,
Preciosa,
que te coge el viento verde!
¡Preciosa, corre, Preciosa!
¡Míralo por donde viene!
Sátiro de estrellas bajas
con sus lenguas relucientes.
Preciosa, llena de
miedo,
entra en la casa que tiene,
más arriba de los pinos,
el cónsul de los ingleses.
Asustados por los
gritos
tres carabineros vienen,
sus negras capas ceñidas
y los gorros en las sienes.
El inglés da a la
gitana
un vaso de tibia leche,
y una copa de ginebra
que Preciosa no se bebe.
Y mientras cuenta,
llorando
su aventura a aquella gente,
en las tejas de pizarra
el viento, furioso, muerde.

Federico García Lorca