Narrador testigo:
El narrador se
puede colocar en una situación de omnisciencia selectiva o
multiselectiva, pero escogiendo para su focalización un
personaje que no es principal en la historia: un testigo
secundario de los hechos o un observador, que actúa como
delegado del narrador y que conoce los acontecimientos y sus
interpretaciones, la conciencia de los personajes de forma muy
fragmentaria.
2. Forma
autobiográfica (posición fija de la focalización: un solo
personaje):
Es la
forma más habitual de la focalización interna. Normalmente se
utiliza para este tipo de relato la primera persona gramatical:
el “yo” que cuenta su historia. Aunque pueden ser asumida esta
forma autobiográfica por otras personas gramaticales: la segunda
(para conseguir un desdoblamiento de la personalidad, un
interlocutor dentro del mismo personaje…), y se utiliza también
en algunas ocasiones la tercera persona gramatical (en un
intento de buscar algún grado de objetividad dentro de la
subjetividad que supone contar desde dentro la propia vida).
En
esta forma autobiográfica el narrador y el personaje coinciden
aparentemente en un personaje-narrador. La distinción entre
estos dos entes de ficción resulta difícil, pero para el
análisis del texto resulta productivo mantenerla.
El
narrador al utilizar el ángulo de visión del personaje tiene una
perspectiva constante y limitada a lo largo de todo el relato.
2. EL TIEMPO EN
LOS TEXTOS NARRATIVOS
a)
La alteración del orden
En la
alteración del orden que presenta el discurso (cambio en la
disposición del tiempo respecto al orden de la historia) podemos
deducir el punto de vista del narrador.
Se llama anacronía
a toda alteración del orden en el relato. Al tratar de las
anacronías tenemos que distinguir dos planos narrativos:
- el relato primario o relato base
- y el relato secundario que constituye
la anacronía.
El alcance de una
anacronía es el salto temporal que ésta supone en el relato, la
distancia que media entre el momento en que se encuentra el
relato primero y al punto al que se retrotrae.
La amplitud de una
anacronía es lo que dura ese segundo plano narrativo.
Las anacronías
pueden ser
·
retrospectivas: analepsis ( en el
relato se vuelve al pasado);
·
anticipaciones: prolepsis (el
relato adelanta lo que va a suceder).
b)
La duración del tiempo narrativo
La duración
engloba una serie de procedimientos para acelerar o ralentizar
la velocidad o tempo del relato. Una vez más el punto de
referencia para la duración del relato reside en la historia.
Los cinco
movimientos que regulan el ritmo narrativo son
- la elipsis
- el sumario
- la escena
- la pausa
- la digresión reflexiva
La elipsis
consiste en el silenciamiento de material de la historia que no
pasa al relato.
·
Es una figura de aceleración,
acelera el ritmo narrativo.
·
Actúa como enlace entre dos
escenas separadas por el tiempo.
·
contribuye a la ilusión realista
creando la impresión del paso del tiempo.
El sumario
concentra material de la historia. Según Chatman, el relato
contemporáneo se ha distanciado notablemente del tradicional al
no hacer depender el sumario del narrador únicamente y confiarlo
también a los personajes (a través del diálogo o de la mente de
éstos). (Garrido Domínguez, 1993: 189).
La escena encarna,
convencionalmente, la igualdad entre la duración de la historia
y del relato; encuentra en el diálogo su manifestación
discursiva más frecuente. La escena sirve para introducir en el
relato todo tipo de información. Es habitual su interrupción por
medio de digresiones, anticipaciones o retrospecciones,
incursiones del autor, etc.
La pausa es el
gran procedimiento para desacelerar el ritmo del relato. La
forma básica de la desaceleración es la descripción: no sólo
rompe con el contenido diegético del contexto sino que
representa la aparición de una modalidad discursiva diferente.
Este cometido resulta innegable en el relato tradicional.
La digresión
reflexiva: el segundo procedimiento para el remansamiento de la
acción. Introduce (respecto a la pausa) una modalidad discursiva
claramente diferenciada (discurso abstracto valorativo). Se
trata de un fenómeno ligado a la expresión de la subjetividad,
muy afín al narrador omnisciente.
c) La frecuencia en el
tiempo narrativo
La
frecuencia -que se corresponde con la categoría gramatical de
aspecto- atiende también a las relaciones entre historia y
relato, adoptando como criterio el número de veces que un
acontecimiento de la primera es mencionado.
·
Relato singulativo: un enunciado
narrativo puede contar una vez lo que ha ocurrido sólo una vez,
o reproducir n veces lo que ha ocurrido n veces. La forma básica
del relato.
·
Relato iterativo: mencionar en el
relato una vez acontecimientos que se han producido n veces en
la historia.
·
Relato repetitivo: reproduce n
veces en el relato un acontecimiento(s) que ha ocurrido una sola
vez. Cierto grado de obsesión del narrador por un
acontecimiento; ha dejado una profunda huella, valor iniciático,
determinante. Muy asociado al narrador autodiegético.
Distinguirlo de la repetición discursiva (autorreferencia
textual, anáfora). La repetición constituye la base para la
fijación del tiempo. Un exponente privilegiado del punto de
vista.
3. EL ESPACIO
EN LOS TEXTOS NARRATIVOS
El espacio posee
en el texto narrativo una capacidad simbolizadora. El espacio
narrativo es ante todo una realidad textual, cuyas virtualidades
dependen en primer término del poder del lenguaje y demás
convicciones artísticas. Se trata de un espacio ficticio, cuyos
índices tienden a crear la ilusión de la realidad. (Garrido
Domínguez, 1993: 208).
En cuanto al
espacio de la trama, lo más relevantes es que, al igual que el
material global del relato, se ve sometido a focalización y,
consiguientemente, su percepción depende fundamentalmente del
punto de observación elegido por el sujeto perceptor (sea el
narrador o un personaje). La perspectiva del espacio se asocia
estrechamente a la idiosincrasia y posición del narrador. El
espacio nunca es indiferente para el personaje. Las más de las
veces el espacio funciona como metonimia o metáfora del
personaje.
El espacio
literario, siendo un fenómeno verbal y textual, admite otras
consideraciones según el grado de aproximación al mundo
objetivo. Así cabría hablar de espacios construidos de acuerdo
con el modelo de espacio referencial.
El relato
intimista suministra buenas muestras de esa contraposición entre
espacios: el espacio representa el paraíso perdido de la
infancia o el de la difícil transición de la niñez a la edad
adulta (o su mitificación).
La mayor o menor
proximidad al lugar de los hechos ejerce un influjo nada
desdeñable sobre el punto de vista narrativo (nitidez o
imprecisión en la presentación de los hechos, emotividad, etc.
4. LAS FORMAS NARRATIVAS (Los tipos de discurso que puede
presentar el texto narrativo):
Dentro
del texto hay distintas voces: principalmente la del narrador y
las de los personajes. Sin embargo estas voces -discursos-
pueden presentarse de distintas formas, organizadas siempre por
la mano estructuradora del narrador. Es interesante, sobre todo,
el modo cómo se muestran en el relato las voces de los
personajes. Son los diferentes tipos de discursos dentro del
texto narrativo.
A) Si el narrador cuenta la historia (habla) o deja hablar a
los personajes (o parece que los deja hablar):
1. Discurso
narrativizado. (Habla el narrador)
Cuando
el narrador presenta el discurso de los personajes como si
narrara una acontecimiento: discurso relatado o narrativizado.
2. Discurso citado (El narrador deja
la voz
al personaje o parece dejar la voz al personaje)
El
narrador incorpora las palabras de los personajes al relato:
discurso citado. El discurso citado puede ser:
a) Discurso citado
directo (estilo directo)
discurso citado directo regido: el
narrador deja la voz al personaje, indicándolo mediante guiones,
verbos introductorios, etc.
discurso citado directo libre
(narrativa actual): cuando no aparecen marcas formales que
diferencien el paso de la narración al discurso del personaje
que se está citando.
b) Discurso citado
indirecto: (estilo indirecto)
discurso citado indirecto regido
(estilo indirecto puro): el narrador interviene como relator;
las palabras del personaje se introducen dentro del discurso
narrativo, pero no de forma independiente. Se pierden las marcas
de persona, los deícticos temporales, los deícticos espaciales,
los tiempos verbales (Ej: el chico dijo que había llegado tarde
porque estuvo…)
discurso citado indirecto libre o
estilo indirecto libre. El narrador no pierde su voz, pero,
situado en la focalización del personaje, utiliza palabras
podrían ser las del personaje, sino fuera por las marcas
formales que indican que sigue hablando el narrador. Continúa la
narración, pero podemos escuchar indirectamente al personaje.
Parece que se está expresando directamente. Por supuesto, no
aparecen las marcas tipográficas que son propias del estilo
directo (el que deja hablar al personaje directamente).
B) Cuando los personajes se expresan internamente:
La expresión de la
intimidad psíquica de los personajes, (las técnicas del fluir de
conciencia). El monólogo interior:
Muchos
procedimientos utilizados en la narrativa tradicional sirven
para la expresión de la intimidad psíquica de los personajes:
la narración en primera persona,
en forma autobiográfica,
la narración en segunda persona,
que busca el desdoblamiento del personaje que se habla a sí
mismo,
la narración en tercera persona
cuando busca la expresión objetiva de lo personal
el estilo indirecto libre
la asociación libre
etc.
Las
técnicas del fluir de conciencia son propias de novela moderna,
quizá el rasgo más significativo de la novela de nuestro siglo.
Los autores intentan representar lo que ocurre en el interior de
la persona de una forma más natural, menos elaborada
racionalmente, como ocurría en la novela tradicional. La
diferentes técnicas estarían en relación con el nivel de
conciencia que exploren. Pero en las técnicas del fluir de
conciencia podríamos incluir todos aquellos procedimientos que
se encaminan a la manifestación de la interioridad del
personaje. Y, por tanto, serían técnicas del fluir de
conciencia, algunos de los procedimientos señalados arriba,
utilizados por la narrativa tradicional .
De todas formas,
estas técnicas que expresan la interioridad psíquica del
personaje en la narrativa moderna se diferencian muchas veces de
las tradicionales sobre todo en la fragmentación de los procesos
internos (el escritor quiere representar el contenido de la
conciencia de un modo más realista y menos organizado). A
menudo, no interesa el argumento, sino los procesos psíquicos.
La fragmentación de esos procesos se manifiesta de varias
formas: la sintaxis se altera (las frases cambian el orden
normal de las paabras, o se suceden sin lógica aparente), se
eliminan los signos de puntación, etc.
El monólogo interior
También llamado
monólogo autónomo, es el procedimiento más característico de las
modernas técnicas del fluir de conciencia; está muy influido
“por el descubrimiento científico del subconsciente, que permite
representar el contenido mental y los procesos psíquicos de los
personajes tal y como éstos se producen en el cerebro humano
antes de su formulación consciente y expresión gramaticalmente
configurada por medio de la palabra”.(Villanueva, 1989: 29).
“Discurso sin auditor y no pronunciado, por el que un personaje
expresa sus pensamientos más íntimos, más cercanos al
inconsciente, antes de cualquier organización lógica de los
mismos -es decir, en el momento en que brotan-, por medio de
frases directas reducidas a una sintaxis mínima, con el
propósito de dar la más absoluta impresión de inmediatez”
(Eduard Dujardin).
El diálogo.
(Los personajes hablan entre ellos)
“Entre
las formas de reproducción directa destaca sin duda el diálogo.
Con él aparece la réplica y, por consiguiente, un interlocutor
explícito (hecho que lo acerca poderosamente a su correlato
dramático). Históricamente, ha constituido uno de los recursos
para aminorar la presencia del narrador o eliminarlo por
completo del texto y, de rechazo, ha servido para potenciar el
papel del personaje dentro del relato (y, por supuesto el
mimetismo). Hasta el siglo XX lo habitual es la presencia del
narrador en la cláusula introductoria (…) En el siglo XX se ha
ido generalizando la reproducción del diálogo con renuncia a la
presencia explícita del narrador (que se limita como máximo a
introducirlo). (…) En este siglo se ha cultivado, de modo
especial, la novela dialogada” (Garrido Domínguez, 1993:
262-263).
El interlocutor oculto
(dialogismo oculto):
Respecto al diálogo, nos vamos a detener en la modalidad llamada
por Bajtín (1979) dialogismo oculto (otros teóricos la denominan
monólogo dramático); se trata de una técnica usada en la
narrativa moderna y que consiste en la supresión de la voz de
uno de los interlocutores que participa en la conversación. Esa
voz oculta se sustituye por puntos suspensivos, paréntesis; pero
quedan los ecos de sus aportaciones, ya que se trata de un
diálogo. Aunque no se oiga la voz de uno de los interlocutores,
lo que dice va influyendo en el discurso explícito. Es un
procedimiento que contribuye a la intriga y que, especialmente,
hace participar al lector en la interpretación del texto.
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