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proyecto de lectura y
biblioteca
REVISTA PYTHAGORAS I.E.S. "Pedro Jiménez Montoya" Baza (Granada) |
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Curso 2008-2009 |
En el centenario de la muerte de Albéniz, Norma Sturniolo nos ofrece esta bonita novela, amena como todas las suyas, con un estilo elegante y ligero y una profundidad exquisita.
Reflexiones de Norma Sturniolo sobre su novela Mi amigo Albéniz
… he leído "Mi amigo Albéniz" y me lo he pasado muy bien con Manuel y su madre despótica cruzando el Atlántico, y luego en Cuba, en aquellos años tan interesantes...Es una "novela de aprendizaje" muy bonita, y la figura juvenil de Albéniz está muy bien evocada. Sin duda esas "novelas musicales" se te dan muy bien (e-mail de José María Merino que significa para mí una gran alegría y por eso lo coloco a manera de epígrafe de estas breves notas)
Mi amigo Albéniz es una novela, o sea, una ficción en la cual un personaje imaginario, Manuel Valle, el narrador de la historia, conoce al músico Isaac Albéniz cuando ambos tienen 15 años. El encuentro entre los jóvenes tiene lugar a bordo de un barco rumbo a La Habana. El personaje de Albéniz como el verdadero Albéniz es comunicativo, expresivo, imaginativo, simpático. Él mismo le narra a Manuel sus peripecias de niño prodigio, sus relaciones familiares y le enseña un álbum en el que recoge las críticas de prensa y las dedicatorias de sus admiradores. Álbum que en la vida real llevó consigo durante algunos años y le sirvió como carta de presentación. Me gustó comenzar la novela con un viaje ya que los viajes fueron una constante en la vida del genial creador de la suite Iberia y también porque a los quince años se está en tránsito, el viaje que realizan simboliza ese pasaje donde se deja la niñez sin haber entrado aún en la vida adulta, un viaje en el que se producen cambios y hay una actitud de búsqueda. El viaje de la novela se corresponde con el viaje que de verdad realizó Albéniz en 1875. He querido que Manuel Valle fuera un joven con vocación artística, de buena familia, que ha vivido muy protegido y sabe muy poco del mundo para que el encuentro con Albéniz constituyera un revulsivo que lo animara a dedicarse a la pintura, a pesar de la oposición materna. En la vida real Albéniz fue un hombre generoso con sus amigos y apoyó a varios pintores. El amor a la música, al arte, el primer amor, el cultivo de la amistad, la aventura y la perseverancia son algunos de los aspectos que he destacado en el libro. Además de las referencias históricas a la España de la época en plena Restauración borbónica y con el fondo de las guerras carlistas he recreado el ambiente histórico, artístico y musical de la Cuba colonial que conoció Albéniz en 1875 y al final he hecho mención a París, la capital de las artes en aquella época. París la ciudad en la que acabará viviendo Albéniz y en la que también residirá el personaje de Manuel Valle. Ahora bien, esta ficción está basada en un largo trabajo de investigación, después del cual decidí no incorporar ciertos hechos inventados por el propio Albéniz y que fueron repetidos hasta saciedad desde que en 1886, el periodista Antonio Guerra y Alarcón publicara un opúsculo, Isaac Albéniz: Notas crítico-biográficas de tan eminente pianista, en el que reproducía algunas anécdotas inventadas por Albéniz. Insisto en que, a pesar de ser ficción, “Mi amigo Albéniz” se ha ajustado a hechos reales como el viaje de Albéniz a las Antillas, sus recitales en los lugares de Puerto Rico y Cuba que se citan en la novela, la narración de aspectos de su infancia, referencias a su pasado de niño prodigio y a su familia, un breve apunte de su estancia en Leipzig y Bruselas, el trasfondo histórico peninsular y de la isla de Cuba y otros aspectos, entre los cuales está el del álbum que llevaba consigo. Pongamos un ejemplo. Es verdad que Albéniz estuvo en Santiago de Cuba dando recitales, pudo haber visitado el Castillo del Morro, como narro en la novela o no; lo que sí me invento es el encuentro con Manuel Valle, en la atalaya de la fortaleza. Al ser Manuel Valle un personaje imaginario, los encuentros entre él y Albéniz también lo son. Siempre tuve presente los datos de la historia real, ello explica que en lo inventado optara por algo que respondiera al espíritu de la verdad. Pondré un ejemplo para dejar claro lo que acabo de afirmar. Albéniz, cuando tenía quince años, vivió en el número 14 de la calle Amargura en la Habana y por una nota en el periódico Artista de la Habana se sabe que reunió en su casa a distintas personalidades entre las que había escritores. Esto está en la novela. A partir de ese dato real, narro una velada que es imaginaria pero que se aviene con la personalidad de Albéniz, por eso cuando me invento que uno de los asistentes cuenta una leyenda granadina, elijo La rosa de la Alhambra. En esa leyenda aparece la música en el motivo del laúd mágico y el elemento morisco que tanto gustaba a Albéniz y que le hizo declarar: “Quiero la Granada árabe, la que es todo arte, la que toda me parece belleza y emoción”. He intentado reconstruir imaginariamente parte de la experiencia juvenil en la que paisajes y leyendas impregnan la imaginación del que en esos años era conocido como un virtuoso del piano. ¿Por qué el narrador de esta novela no es el propio Albéniz? De esa forma podría haberme centrado más en su vida y menos en las tribulaciones de Manuel Valle. La respuesta es porque sentí que podía imaginarme a Isaac Albéniz pero no podía tener un conocimiento cabal como para atreverme a hablar a través de su personaje. Sentí respeto y me pareció más fiel a la verdad de la ficción hablar de él desde la voz de un narrador testigo. Ahora voy a repasar algunos motivos que me impulsaron a escribir esta novela. Fundamentalmente la redacción de este libro tiene que ver con mi amor a la música albeniciana y con el gran interés que me despertó su vida a través de la lectura de diversas biografías y estudios. Un retrato de Albéniz adolescente me impactó por la expresión de su mirada e imaginé que conocerlo personalmente debería de ser una experiencia inolvidable, transformadora, más aún si ese conocimiento se producía en una edad temprana. Así empecé a gestar la idea de que un quinceañero lo conociera y trabara amistad con él. En la vida real Albéniz fue amigo de muchos pintores y coleccionaba cuadros, de Ramón Casas, de Santiago Rusiñol, de Ignacio Zuloaga, del que, además fue testigo de casamiento, de Darío de Regoyos y Valdés a quien invitó a Bruselas y le presentó a un mecenas que lo introdujo en el ambiente de la vanguardia belga. Esto me decidió a imaginar que la vocación de Manuel Valle era la de ser pintor. Quizás el origen de esta novela también puede hallarse en un tiempo lejano cuando leí el primer libro sobre la vida de Albéniz y se despertó en mí un deseo de profundizar en su biografía. Esto me determinó a leer otras biografías y también sus diarios en la edición del musicólogo recientemente fallecido -en abril de 2009- Enrique Franco. La biografía de Walter Aaron Clark me ayudó mucho con su rigurosa investigación. Pero quiero volver a recordar el impacto que me produjo la fotografía de Albéniz adolescente. Ese retrato se convirtió en una especie de invitación a escribir sobre él. Su expresión refleja una mezcla de poderosa inteligencia y gran sensibilidad. Me pareció descubrir en un rostro casi de niño la mirada de alguien mayor, una mirada teñida de melancolía, de cierto dolor; la seriedad de un hombre en un rostro muy joven. Me puse a darle vueltas a esa mirada en la que creí percibir algo del ser íntimo del retratado. Empecé a imaginar a ese Albéniz adolescente. Para el periodo que quería novelar tenía datos verificables. La noche anterior a su viaje, el 29 de abril de 1875, dio un concierto en Cádiz. Su padre había sido nombrado interventor general de La Habana y partió hacia Cuba desde el puerto de Cádiz el 30 de abril de 1875 por lo cual es más que probable que Albéniz marchara con él ya que el 29 se encontraba en Cádiz y se sabe que se hallaba de paso para Cuba. En la novela he preferido que viajara solo para que el personaje actuara con mayor libertad. No se sabe si se marchó en el vapor España que transportaba pasajeros civiles y tropa porque se han perdido casi todos los archivos y por tanto no se puede leer la lista de pasajeros. Imaginé solo pasajeros civiles e inventé el salón en el que toca el piano Albéniz. Ese transitar entre la realidad y la ficción me llevó a ponerme en contacto con María José Fuentes de la Biblioteca Pública Provincial de Cádiz para ver si podía obtener más información sobre los vapores de línea trasatlántica. Gracias a María José Fuentes supe que los vapores de la línea trasatlántica salían de Cádiz el día 30 de cada mes y que desde noviembre de 1875 hacían otra salida de Cádiz el 10 de cada mes. Eran vapores de 3000 a 4000 toneladas de desplazamiento. La publicidad los describe como grandes y de marcha sobresaliente, con elegantes y espaciosas cámaras y de trato esmerado. Los camarotes de primera tenían dos literas. Si un pasajero quería ocupar él solo un camarote de dos literas, pagaba un pasaje y medio y por eso en la novela se dice que por Manuel Valle su familia paga un pasaje y medio. Fuentes me explicó que los datos que me facilitó proceden de sendos anuncios de la compañía en las ediciones de 1875 y 1876 (p. 20 y 21 de la sección de anuncios) de la siguiente publicación: Guía de Cádiz, Puerto de Santa María, San Fernando y el Departamento / por Don José Rosetty. Cádiz: Imprenta y Litografía de la Revista Médica. También he leído libros de historia, de literatura y de música de la Cuba colonial, un periodo verdaderamente fascinante. Esa Cuba que Albéniz evocó en varias composiciones. Algo que renovó mis deseos de volver a leer sobre el genial compositor fue asistir en mayo de 2003 en el Teatro Real a la representación de la ópera Merlín de Isaac Albéniz reconstruida y dirigida por el maestro José de Eusebio que con justeza calificaba la música albeniciana como auténtica música del alma. Esta novela sobre un periodo de la vida de Albéniz constituyó para mí un verdadero viaje alrededor del corazón de un compositor que logró hacer música española con acento universal. ¡Ojalá haya sabido transmitir y contagiar la pasión que sentí en ese viaje emocional!
NOTA sobre Cecilia:
Voy a referirme a Cecilia que es uno de los personajes principales
de esta novela. Al principio no se llamaba así y era algo diferente.
El nombre que había elegido no me terminaba de convencer para lo que
yo intentaba decir de ella. Lo cambié varias veces hasta que di con
el nombre que consideré ideal. A partir de ese momento empecé
a describirla mentalmente con las características definitivas.
Cecilia es la patrona de la música y mi personaje es amante de la
música: tiene verdadera vocación pianística porque desea seguir
perfeccionándose y no limitarse al conocimiento de unas piezas para
tocar en las reuniones familiares. Además, Cecilia es el nombre de
la protagonista de una famosa novela cubana del siglo XIX cuyo
título es "Cecilia Valdés". Aunque la Cecilia de "Mi amigo Albéniz"
no se parece en nada a la protagonista de la novela del siglo XIX ,
me gusta que se llame como un famoso personaje literario cubano ya
que es importante identificarla con lo cubano. Mi personaje tiene
una gran fuerza interior y se las ingenia para apoyar a la causa
independentista cubana como queda demostrado en la historia de "Mi
amigo Albéniz". Con este ejemplo he querido destacar la importancia
que puede tener un nombre para la construcción de un personaje. Si quieres responder a la autora, envía tu mensaje aquí
Enlace: Noticia en la web de la Fundación Autor:
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