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 REVISTA PYTHAGORAS                                                                                  

     I.E.S. "Pedro Jiménez Montoya" Baza (Granada)

 
 

Curso

2008-2009

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 LIBRO:

Mi amigo Albéniz

Editorial: Fundación Autor,

mayo 2009

Autora: Norma Sturniolo

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                                                                Norma Sturniolo

      

Mi amigo Albéniz

 

En el centenario de la muerte de Albéniz, Norma Sturniolo

nos ofrece esta bonita novela, amena como todas las suyas, con un estilo elegante y ligero y una profundidad exquisita.

 

Editorial: Fundación Autor

Mayo de 2009

 

Unidad Didáctica

sobre este libro

(para 3º ESO y 4º de ESO)

                       

 

            

Reflexiones de Norma Sturniolo sobre su novela

Mi amigo Albéniz

 

 

                              … he leído "Mi amigo Albéniz" y me lo he pasado muy bien con Manuel 

                                  y su madre despótica cruzando el Atlántico, y luego en Cuba, en

                                  aquellos años tan interesantes...Es una "novela de aprendizaje" muy

                                   bonita, y la figura juvenil de Albéniz está muy bien evocada.

                                  Sin duda esas "novelas musicales" se te dan muy bien

                                  (e-mail de José María Merino que significa para mí una gran alegría y

                                    por eso lo coloco a manera de epígrafe de estas breves notas)

                   

 

Mi amigo Albéniz es una novela, o sea,  una ficción en la cual un personaje imaginario, Manuel Valle, el narrador de la historia, conoce al músico Isaac Albéniz cuando ambos tienen 15 años. El encuentro entre los jóvenes tiene lugar a bordo de un barco rumbo a La Habana. El personaje de Albéniz como el verdadero Albéniz es comunicativo, expresivo,  imaginativo, simpático. Él mismo le narra a Manuel sus peripecias de niño prodigio, sus relaciones familiares y le enseña un álbum en el que recoge las críticas de prensa y las dedicatorias de sus admiradores. Álbum que en la vida real llevó consigo durante algunos años y le sirvió como carta de presentación.

 Me gustó comenzar la novela con un viaje ya que los viajes fueron una constante en la vida del genial creador de la suite Iberia y también porque a los quince años se está en tránsito,  el viaje que realizan simboliza ese pasaje donde se deja la niñez sin haber entrado aún en la vida adulta, un viaje en el que se producen cambios y hay una actitud de búsqueda. El viaje de la novela se corresponde con el viaje que de verdad realizó Albéniz en 1875.

He querido que Manuel Valle fuera un joven con vocación artística, de buena familia, que ha vivido muy protegido y sabe muy poco del mundo para que el encuentro con Albéniz constituyera un revulsivo que lo animara a dedicarse a la pintura, a pesar de la oposición materna. En la vida real Albéniz fue un hombre generoso con sus amigos y apoyó a varios pintores.

 El amor a la música, al arte, el primer amor, el cultivo de la amistad, la aventura y la perseverancia son algunos de los aspectos que he destacado en el libro.

Además de las referencias históricas a la España de la época en plena Restauración borbónica y con el fondo de las  guerras carlistas he recreado el ambiente histórico, artístico y musical de la Cuba colonial que conoció Albéniz en 1875 y al final he hecho mención a París, la capital de las artes en aquella época. París la ciudad en la que acabará viviendo  Albéniz y en la que también residirá el personaje de Manuel Valle.

Ahora bien, esta ficción está basada en un largo trabajo de investigación, después del cual decidí no incorporar ciertos hechos inventados por el propio Albéniz  y que fueron repetidos hasta saciedad desde que en 1886, el periodista Antonio Guerra y Alarcón publicara un opúsculo, Isaac Albéniz: Notas crítico-biográficas de tan eminente pianista, en el que reproducía algunas anécdotas inventadas por Albéniz.

Insisto en que, a pesar de ser ficción, “Mi amigo Albéniz” se ha ajustado a hechos reales como el viaje de Albéniz a las Antillas, sus recitales en los lugares  de Puerto Rico y Cuba que se citan en la novela,  la narración de aspectos de su infancia,  referencias a su pasado de niño prodigio y a  su familia,  un breve apunte de su estancia en Leipzig y Bruselas, el trasfondo histórico peninsular y de la isla de Cuba  y otros aspectos, entre los cuales está el del álbum que llevaba consigo.

Pongamos un ejemplo. Es verdad que Albéniz estuvo en Santiago de Cuba dando recitales,  pudo haber visitado el Castillo del Morro, como narro en la novela  o no; lo que sí me invento es el encuentro con Manuel Valle,  en la atalaya de la fortaleza. Al ser Manuel Valle un personaje imaginario, los encuentros entre él y Albéniz también lo son.

Siempre tuve presente los datos de la historia real, ello explica que en lo inventado optara por algo que respondiera al espíritu de la verdad. Pondré un ejemplo para dejar claro lo que acabo de afirmar. Albéniz, cuando tenía quince años, vivió en el número 14 de la calle Amargura en la Habana y  por una nota en el periódico  Artista de la Habana se sabe  que reunió en su casa a distintas personalidades entre las que había  escritores.  Esto está en la novela. A partir de ese dato real, narro una velada que es imaginaria  pero que se aviene con la personalidad de Albéniz, por eso cuando me invento que uno de los asistentes cuenta una leyenda granadina, elijo La rosa de la Alhambra. En esa leyenda aparece la música en el motivo del laúd mágico y el elemento morisco  que tanto gustaba a Albéniz  y que le hizo declarar: “Quiero la Granada árabe, la que es todo arte, la que toda me parece belleza y emoción”.

He intentado reconstruir imaginariamente parte de la experiencia juvenil  en la que paisajes y leyendas  impregnan la imaginación del que en esos años  era conocido como un virtuoso del piano.

¿Por qué el narrador de esta novela no es el propio Albéniz? De esa forma podría haberme centrado más en su vida y menos en las tribulaciones de Manuel Valle. La respuesta es porque sentí que podía imaginarme a Isaac Albéniz pero no podía tener un conocimiento cabal como para atreverme a hablar a través de su personaje. Sentí  respeto y me pareció más fiel a la verdad de la ficción hablar de él desde la voz de un narrador testigo.

Ahora voy a repasar algunos  motivos que me impulsaron a escribir esta novela. Fundamentalmente la redacción de este libro tiene que ver con mi amor a la música albeniciana y con el  gran interés que me despertó su vida a través de la lectura de diversas biografías y estudios.  

Un retrato de Albéniz adolescente me impactó por la expresión de su mirada e imaginé que conocerlo personalmente  debería de ser una experiencia inolvidable, transformadora, más aún  si ese conocimiento se producía en una edad temprana. Así empecé a gestar la idea de que un quinceañero lo conociera y trabara amistad con él.

En la vida real Albéniz fue amigo de muchos pintores y coleccionaba cuadros, de Ramón Casas, de Santiago Rusiñol, de Ignacio Zuloaga, del que, además fue testigo de casamiento, de Darío de Regoyos y Valdés a  quien invitó a Bruselas y le presentó a un mecenas que lo introdujo en el ambiente de la vanguardia belga. Esto me decidió a imaginar que la vocación de Manuel Valle era la de ser pintor.

Quizás el origen de esta novela también puede hallarse en un tiempo lejano cuando leí el primer libro sobre la vida de Albéniz y se despertó en mí un deseo de  profundizar en su biografía. Esto me determinó a leer otras biografías y también sus diarios en la edición del musicólogo recientemente fallecido -en abril de 2009-  Enrique Franco. La biografía de Walter Aaron Clark me ayudó mucho con su rigurosa investigación.

Pero quiero volver a recordar el impacto que me produjo la fotografía de Albéniz adolescente. Ese retrato se convirtió en una especie de invitación a escribir sobre él. Su expresión refleja una mezcla de  poderosa inteligencia y gran sensibilidad. Me pareció descubrir  en un rostro casi de niño la mirada de alguien mayor, una mirada teñida de melancolía, de cierto dolor; la seriedad de un hombre en un rostro muy joven.  Me puse a darle vueltas a esa mirada en la que creí percibir algo del ser íntimo del retratado.  Empecé a imaginar a ese Albéniz adolescente. Para el periodo que quería novelar tenía  datos verificables.  La noche anterior a su viaje, el 29 de abril  de 1875, dio un concierto en Cádiz. Su padre había sido nombrado interventor general de La Habana y partió hacia Cuba desde el puerto de Cádiz el 30 de abril de 1875 por lo cual  es más que probable que Albéniz marchara con él ya que el 29 se encontraba en Cádiz y se sabe que se hallaba de paso para Cuba. En la novela he preferido que viajara solo para que el personaje actuara con mayor libertad. No se sabe si se marchó en el vapor España que transportaba pasajeros civiles y tropa porque se han perdido casi todos los archivos y por tanto no se puede leer la lista de pasajeros. Imaginé solo pasajeros civiles e inventé el salón en el que toca el piano Albéniz.  Ese transitar entre la realidad y la ficción me llevó a ponerme en contacto con María José Fuentes de la Biblioteca Pública Provincial de Cádiz para ver si podía obtener más información sobre los vapores de línea trasatlántica. Gracias a María José Fuentes supe que los vapores de la línea trasatlántica salían de Cádiz el día 30 de cada mes y que desde noviembre de 1875 hacían otra salida de Cádiz el 10 de cada mes. Eran vapores de 3000 a 4000 toneladas de desplazamiento. La publicidad los describe como grandes y de marcha sobresaliente, con elegantes y espaciosas cámaras y de trato esmerado. Los camarotes de primera tenían dos literas. Si un pasajero quería ocupar él solo un camarote de dos literas, pagaba un pasaje y medio y por eso en la novela  se dice que por Manuel Valle su familia paga un pasaje y medio. Fuentes me explicó que los datos que me facilitó proceden de sendos anuncios de la compañía en las ediciones de 1875  y 1876 (p. 20 y 21 de la sección de anuncios) de la siguiente publicación: Guía de Cádiz, Puerto de Santa María, San Fernando y el Departamento / por Don José Rosetty.  Cádiz: Imprenta y Litografía de la Revista Médica.

También he leído libros de historia, de literatura y de música de la Cuba colonial, un periodo verdaderamente fascinante. Esa Cuba que Albéniz evocó en varias composiciones.  

Algo que renovó mis deseos de volver a leer sobre el genial compositor fue asistir en mayo de 2003 en el Teatro Real a la representación de  la ópera Merlín de Isaac Albéniz reconstruida y dirigida por el maestro José de Eusebio que con justeza calificaba la música albeniciana como auténtica música del alma.

Esta novela sobre un periodo de la vida de Albéniz constituyó para mí un verdadero viaje alrededor del corazón de un compositor que logró hacer música española con acento universal. ¡Ojalá haya sabido transmitir  y contagiar la pasión que sentí en ese viaje emocional!

 

 

NOTA sobre Cecilia:

 

Voy a referirme a Cecilia que es uno de los personajes principales de esta novela. Al principio no se llamaba así y era algo diferente. El nombre que había elegido no me terminaba de convencer para lo que yo intentaba decir de ella. Lo cambié varias veces hasta que di con el nombre que consideré ideal. A partir de ese momento empecé a describirla mentalmente con las características definitivas. Cecilia es  la patrona de la música y mi personaje es amante de la música: tiene verdadera vocación pianística porque desea seguir perfeccionándose y no limitarse al conocimiento de unas piezas para tocar en las reuniones familiares. Además, Cecilia es el nombre de la protagonista de una famosa novela cubana del siglo XIX cuyo título es "Cecilia Valdés". Aunque la Cecilia de "Mi amigo Albéniz" no se parece en nada a la protagonista de la novela del siglo XIX ,  me gusta que se llame como un famoso personaje literario cubano  ya que es importante  identificarla con lo cubano. Mi personaje tiene una gran fuerza interior y  se las ingenia para apoyar a la causa independentista cubana como queda demostrado en la historia de "Mi amigo Albéniz". Con este ejemplo he querido destacar la importancia que puede tener un nombre para la construcción de un personaje.

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Noticia en la web de la Fundación Autor:

http://www.fundacionautor.org

 

 
 
La colección ‘Pequeño Autor’ acaba de publicar Mi amigo Albéniz, un recuerdo divertido y pedagógico del compositor.
Mi amigo Albéniz. Portada

¿Cómo sería Albéniz con 15 años? ¿Cómo viviría el maestro su infancia y sus inicios en el complicado mundo de la música? Coincidiendo con el centenario de su muerte, organismos e instituciones rinden este año homenaje al compositor y pianista Isaac Albéniz (Camprodón, Gerona, 1860 -Cambo les Bains, Francia 18 de mayo de 1909) Pero desde Ediciones Autor han querido recordarle de un modo muy especial, dedicando al maestro la séptima entrega de la colección Pequeño Autor para que los lectores más jóvenes descubran su vida y su obra de una forma entretenida.

Escrito por Norma Sturniolo, Mi amigo Albéniz retrocede hasta la infancia del autor de Iberia, recurre a su faceta más humana, a las historias de amistad de cualquier chico de quince años, pero sin perder nunca de vista la importancia de su obra. 

 “Un chico con aptitudes artísticas, que sabe muy poco del mundo, se encuentra con otro joven de su misma edad que, además de ser un genio, ha viajado, conoce gentes y lugares diversos y sabe ganarse la vida cuando surgen problemas económicos. Este peculiar encuentro nos lo narra Manuel Valle, que en su viaje a Cuba en 1875 conoce a Isaac Albéniz. A medida que Manuel va entablando amistad con el genial compositor, su vida comienza a cambiar. La isla,  por aquellas fechas aún colonia española, cautiva a ambos jóvenes y Manuel será testigo de las luces y las sombras de una vida entregada al Arte”.

 Con el paso del tiempo, Albéniz se convertirá en un compositor que logra ser universal profundizando en las raíces nacionales. Manuel Valle comprende que su amigo siempre lo acompañará a través de su música”.

Además de recuerdo y homenaje a este importante compositor, Mi amigo Albéniz (recomendado de 12 años en adelante) es una apuesta por acercar a los más pequeños el universo de la música a través de la lectura. En este caso, Jorge Galán Liquete ha sido el encargado de dar formas y colores a este trabajo de Norma Sturniolo, con unas preciosas ilustraciones que nos trasladarán al siglo XIX.

El séptimo volumen de Pequeño Autor se une así a los actos del Centenario de Isaac Albéniz, y será una de las apuestas más importantes de Ediciones Autor en la próxima Feria del Libro de Madrid, que tendrá lugar entre el 29 de mayo y el 14 de junio.

Más sobre Norma Sturniolo

La argentina Norma Sturniolo es licenciada en Filología Hispánica y autora de libros infantiles y juveniles. Además de la docencia, en su trayectoria profesional ocupa un lugar destacado su faceta como editora y directora de proyectos de literatura infantil y juvenil, así como sus colaboraciones con distintos medios periodísticos. Entre sus títulos están El mono que quería leer, Antón y los baños de luna, La música de las tinieblas, Marian y sus amigos del Ártico...

Entre sus aficiones están la música clásica y la ópera, tema sobre el que ha publicado varios artículos en el diario Heraldo de Aragón, además de dar conferencias sobre este tema. Sus conocimientos en este campo y su trayectoria profesional en la literatura infantil la convierten en la autora perfecta para los dos títulos que ya ha publicado en la colección Pequeño Autor: El misterio de la ópera y este Mi amigo Albéniz

Más títulos de la colección Pequeño Autor

De la mano de los más grandes escritores del panorama literario, pero también de actores, músicos, directores o coreógrafos con mucho que contar, los libros de Pequeño Autor familiarizan a los más jóvenes con las artes.

La música, el cine, el teatro o la danza se hacen más cercanos con historias entretenidas e inteligentes, que se complementan con glosarios especializados en cada campo.

Desde que se presentara a finales de 2007, la colección cuenta con siete títulos. La inauguraron el cineasta Zoe Berriatúa, con El hombre que pudo hacer cine; la pedagoga y bailarina de ballet María Vassart, con Esto no es lo mío, y el escritor y periodista José María Plaza, con La Noche de las promesas.

En el último año se han incorporado al catálogo El niño que voló detrás de un escenario, de la dramaturga y guionista Yolanda García Serrano; El misterio de la ópera, de la filóloga, escritora y editora de libros infantiles Norma Sturniolo; y Extra, de la cineasta Rosa Vergés. Hasta el momento, el último trabajo publicado en la colección es este Mi amigo Albéniz, de Norma Sturniolo.

 

Madrid, a 29 de mayo de 2009

 

Para más información – Comunicación SGAE/Fundación Autor

Tfnos: 91 3499774/75/73

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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